Mi buen
amigo Javier Sellers, de Sant Joan d'Alacant, me ha recordado que el 7 de
septiembre hizo 180 años del nacimiento de Emilio Castelar, presidente de la I
República y uno de los intelectuales más prestigiosos de España, aunque se le
recuerda sobre todo por sus dotes oratorias. Un hombre enérgico, de mano dura
contra la masa obrera cuando sus aspiraciones democráticas se hicieron
demasiado peligrosas para la burguesía. Su pensamiento republicano se mantuvo
firme después de 1874, tras el fracaso de la I República y la Restauración monárquica
de la mano de Alfonso XII.
En
1931, tras la proclamación de la II República, se emitieron varias series
dedicadas a personajes republicanos o progresistas en general. De esta forma,
Castelar compartió homenaje con gente tan alejada de su ideario como Joaquín
Costa, Francisco Pi y Margall e incluso Pablo Iglesias.
El
primer sello que aparece en los catálogos es el de 40 céntimos azul oscuro
(Edifil 660) de la serie de Personajes
1931-32, con número de control al dorso.
Posteriormente,
en la serie de Personajes 1932-34 se
repite el valor de 40c azul oscuro, y aparece uno de 60c verde lima con el
mismo motivo (Edifil 670 y 672, respect.). Esta serie no tiene número de
control al dorso. Los dos valores -como el resto de esta serie- también
aparecieron sin dentar.
Castelar
vuelve a aparecer en la serie de Personajes
1936. Se trata de un sello de 40 céntimos rojo (Edifil 736), que también
aparece sin dentar.
Aprovechando
la fecha, y aunque sea con un par de días de retraso, quiero compartir con
vosotros una biografía sobre Emilio Castelar que escribí en su momento y que
quedó inédita.
CASTELAR RIPOLL, Emilio
Cádiz, 1832 - San
Pedro del Pinatar, Murcia, 1899.
Presidente de la I
República.
Igual que Manuel Azaña simboliza la
idea republicana en el siglo XX, Castelar la encarna al hablar del XIX. Se
quedó sin padre cuando era muy niño, y se
tuvo que trasladar con su madre a la casa de unos parientes en la localidad
alicantina de Elda, donde se crió. Se fue a Madrid a estudiar a la universidad;
allí colaboró con diversos periódicos republicanos, y llegó a dirigir uno de
ellos, La democracia. Su
republicanismo era unitario, alejado de la idea federal que defendía, por
ejemplo, Francisco Pi y Margall. Estuvo influido por el krausismo y por la
masonería, a la que perteneció.
En
1865, Antonio Alcalá-Galiano, que era ministro de Fomento en un
Gobierno presidido por el general Narváez, le privó de su cátedra en la
Universidad de Madrid después de un discurso en el que criticó una ley que daba
a Isabel II un excesivo poder sobre los bienes del Patrimonio Real. Al
trascender su castigo, al que siguió su exilio en París, el día 10 de abril
cientos de estudiantes universitarios y parte del claustro tomaron las calles
de Madrid, y fueron atacados por los guardias en la Puerta del Sol, lo que
provocó la muerte de varias personas. Estos sucesos, conocidos como la Noche de
San Daniel, generaron una discusión tan fuerte en el Consejo de Ministros, que
Alcalá-Galiano sufrió un ataque que le llevó a la tumba unas horas después.
Castelar participó en diversas
intentonas contra Isabel II, como la rebelión de sargentos de San Gil de 1866.
El 19 de septiembre de 1868, numerosos militares progresistas y moderados se
alzaron en armas contra la Reina. Los principales dirigentes fueron los
generales Juan Prim y Francisco Serrano, además del almirante Juan Bautista
Topete. La Revolución Gloriosa -éste es el nombre con que ha pasado a la
Historia- provocó el exilio de la Familia Real y la formación de unas Cortes
que deberían escoger la nueva forma del Estado. Los revolucionarios estaban
divididos en una facción monárquica y otra republicana; dentro de ellas había
matices, aunque todos apostaban por el liberalismo. La facción que se impuso
fue la monárquica, encabezada por el general Prim: en las elecciones a Cortes Constituyentes, los diputados
monárquicos triplicaron a los republicanos, de manera que la nueva Constitución
(la de 1869) estableció que la forma del Estado sería la monarquía
constitucional. Mientras el general Serrano era elevado al cargo de Regente, Prim
formó un Gobierno provisional y se centró en las negociaciones diplomáticas
para encontrar un príncipe liberal que quisiera ser el nuevo Rey de España, y
que a su vez fuera aceptable para las potencias europeas. En noviembre de 1870, las Cortes eligieron a Amadeo
de Saboya, uno de los hijos del Rey de Italia.
El líder republicano no tardó en
enfrentarse con sus aliados de 1868: Castelar le echó en cara a Prim que
anduviera buscando otro amo, para que siguiera defendiendo a las clases
poderosas y manteniendo las camarillas, la arbitrariedad y la corruptela que a
su juicio eran inevitables en una monarquía. También se enfrentó a Serrano, al
que no quería al frente del Estado por su condición de militar, su
inexperiencia en la Administración y su volubilidad desde los tiempos en los
que era el "general bonito" de la Reina.
Castelar se convirtió en diputado
por vez primera en las Cortes Constituyentes de 1869, y representó a Lérida
hasta 1871. En los años venideros fue diputado por Huelva (1871-74), Barcelona
(1876-84) y Huesca (1884-99).
En 1871 fue elegido miembro de la
Real Academia Española; ocupó el sillón "D" mayúscula, el mismo que,
curiosamente, correspondió medio siglo después al primer Presidente de la II
República, Niceto Alcalá-Zamora. Siguió defendiendo la idea republicana durante
el reinado de Amadeo I de Saboya. Éste se mantuvo en el trono durante poco más
de dos años: su principal valedor, el general Prim, había sido asesinado a
finales de 1870, y el nuevo Rey tenía en su contra a los republicanos y a los
borbónicos.
Amadeo I abdicó el 10 de febrero de
1873; Castelar fue el encargado de redactar el discurso de respuesta de las
Cortes, en el que le puso por las nubes, como ejemplo de ciudadano defensor de
las leyes y la Constitución, que -según sus palabras- siempre sería bien
recibido por los españoles si decidía quedarse entre ellos como un ciudadano
más. A continuación, mientras el Rey volvía a su país natal, el Congreso y el
Senado se reunieron en Asamblea Nacional, presidida por Nicolás María Rivero, y
la mañana del día 11 se proclamó la I República Española.
El primer Presidente (cargo que englobaba
al Jefe del Estado y el del Gobierno) fue Estanislao Figueras, que formó un
gabinete de unidad nacional, compuesto por republicanos y monárquicos durante
unos días; el día 24 de febrero formó un Gobierno enteramente republicano.
Castelar formó parte de ambos, como ministro de Estado. Su principal
preocupación fue conseguir que las potencias internacionales reconocieran el
nuevo régimen; pero la República murió sin haber conseguido apoyos
fundamentales en una Europa llena de imperios y monarquías. Sólo consiguió el
reconocimiento de algunas Repúblicas, como los Estados Unidos -que aún no eran
más que una nación en formación-, Suiza y algunos países de Hispanoamérica.
Formó parte de la comisión parlamentaria
encargada de redactar la Constitución Federal, que no llegó a ver la luz.
Durante este período se enfrentó a los republicanos federales, cuyas ideas mal
interpretadas habían hecho surgir insurrecciones separatistas por todas partes
(los cantones). En el mes de
marzo consiguió la abolición de la esclavitud en Puerto Rico, por la que había
luchado con fuerza desde su escaño. Permaneció en el cargo hasta
el 11 de junio de 1873, fecha en que Figueras cedió la presidencia a Francisco
Pi y Margall.
Pi era republicano federal, y por tanto su
concepción política era opuesta a la de Castelar; éste permaneció fuera del
Gobierno durante los breves mandatos de Pi y Margall y de Nicolás Salmerón. El
7 de septiembre de 1873, Salmerón dimitió y recomendó a las Cortes
Constituyentes que nombrasen su sucesor a Castelar, que presidía el Congreso
desde el mes de agosto. Castelar fue elegido al día siguiente, convirtiéndose
en el cuarto y último Presidente de la República.
A diferencia de su antecesor, no
dudó en aplicar toda la fuerza del Estado, incluyendo la pena de muerte, para
enfrentarse a los múltiples enemigos de la República, que eran básicamente los
mismos que habían hecho abdicar a Amadeo I: los cubanos y los filipinos estaban
luchando por conseguir su independencia; había partes de España que seguían
defendiendo su completa autonomía del poder central, como el cantón de
Cartagena -Cantón Murciano-, que se había apoderado de la escuadra; en el norte
de España, el pretendiente Carlos VII
estaba librando la III Guerra Carlista; los obreros y campesinos se levantaban
pidiendo mejoras en sus condiciones de trabajo; los monárquicos se oponían a la
República y pedían la vuelta de Isabel II y de su hijo, el príncipe Alfonso...
Para mantener el control, Castelar
suspendió las garantías constitucionales, fiscalizó las informaciones que daba
la prensa sobre todas estas campañas y cerró provisionalmente las Cortes,
impidiendo de esta forma que las minorías parlamentarias se agrupasen para
derribar a su gabinete. Quiso tener carta blanca durante un tiempo, para
"pacificar" el país con firmeza y rapidez. Reforzó el Ejército, le
dio más medios y puso a su frente a generales enérgicos: Arsenio
Martínez-Campos, Manuel Pavía, Francisco Serrano, Fernando Primo de Rivera...
En el mes de octubre trató de
derrotar al Cantón Murciano iniciando un bloqueo naval contra Cartagena, que
tuvo que ser levantado enseguida porque la escuadra rebelde era más potente que
la del Gobierno. Tampoco logró acabar con los carlistas, a los que se enfrentó
en vano para acabar con la corte que Carlos VII
había instalado en Estella. En Cuba, un incidente con un barco estadounidense estuvo
a punto de hacer estallar la guerra con este país, lo que Castelar pudo evitar
con mucha mano izquierda, a despecho de los más belicosos, que exigían un
enfrentamiento directo. Aunque siempre había defendido la separación entre
Iglesia y Estado, y aunque El Vaticano no había reconocido a la República,
logró llegar a un acuerdo con la Santa Sede para el nombramiento de nuevos
obispos.
Con el nuevo año (1874) se reanudaron las
sesiones en las Cortes. Castelar abrió el Parlamento el 2 de enero, pensando que
los diputados habrían entendido que el recorte de las libertades había sido
imprescindible para luchar contra los enemigos de la República. Para su
sorpresa se encontró con que gran parte de los parlamentarios le exigieron de
inmediato su dimisión, acusándole de dictador. Entonces le pidió a la Cámara un
refrendo expreso; los diputados votaron mayoritariamente en su contra, lo que
provocó la caída del Gobierno.
Después de negarle la confianza a Castelar,
el Congreso hizo un receso para volver a reunirse a primerísima hora del 3 de
enero y elegir al quinto Presidente de la República. Sin embargo, cuando se
reanudó la sesión, unos guardias civiles mandados por el general Pavía
Rodríguez de Alburquerque, capitán general de Madrid, irrumpieron en el
hemiciclo y obligaron a los parlamentarios a abandonar el Congreso, lo que
éstos hicieron entre protestas. Después de la clausura de la Cámara, Pavía le
pidió a Castelar que siguiera gobernando sin contar con el Parlamento y le
garantizó su apoyo militar, pero éste se negó.
La I República acabó formalmente aquel día,
con este episodio conocido como la Paviada. Entonces se abrió un período de
provisionalidad, y el general Serrano se hizo con el Gobierno. Durante todo el
año España fue gobernada por una serie de políticos y militares que no sabían
si volver a resucitar las instituciones republicanas, buscar un nuevo Rey por
toda Europa o restaurar directamente a los Borbones. Finalmente, el 29 de diciembre de 1874 el
general Martínez-Campos se alzó en armas en Sagunto (Valencia) y proclamó Rey a
Alfonso XII, hijo de Isabel II, que comenzó a reinar a los pocos días. Su
principal defensor, Antonio Cánovas, empezó a recomponer el Estado, dándole a
la nueva monarquía una apariencia constitucional.
Durante la Restauración, Castelar siguió
siendo un referente fundamental para los republicanos. Fue diputado en las
Cortes Constituyentes de 1876, por concesión de Cánovas, que era un gran amigo
suyo a pesar de sus posiciones políticas irreconciliables. En 1880 fundó el
Partido Posibilista, que aceptaba la forma monárquica siempre que se
garantizasen los derechos y libertades fundamentales.
Tras la muerte de Alfonso XII (1885),
mientras los dos partidos monárquicos (Conservador de Cánovas, y Liberal de
Práxedes Mateo-Sagasta) celebraban un pacto para seguir repartiéndose el poder
sin provocar crisis políticas, Castelar anunció públicamente que él, como
antiguo huérfano que había sido, se solidarizaba con la situación en que
quedaba la Corona, representada por una joven viuda, dos niñas y un tercero que
estaba a punto de nacer, y que por tanto se abstendría de atacar a la monarquía
mientras estuviera reducida a una situación tan débil. En 1893 hizo que sus
seguidores se pasaran al Partido Liberal, aunque él siguió defendiendo la idea
republicana. En sus últimos años ingresó en las Reales Academias de la Historia
(1881) y de Bellas Artes de San Fernando (1886).



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