Hoy,
8 de septiembre, es la festividad de la Virgen de Guadalupe. He recordado una
serie de 1954, la del Año Mariano
(Edifil 1132/41), donde se representa a una decena de advocaciones. Sellos
cuadrados, muy sobrios y monocolores, cuyo valor más elevado es precisamente el
sello dedicado a la Virgen de Guadalupe. La serie conmemora el centenario desde
que el papa Pío IX proclamó, por medio de la bula Ineffabilis Deus, que la Virgen María, a diferencia del resto de
los humanos, había nacido libre del Pecado Original por singular privilegio y
gracia de Dios.
La
serie comienza con el valor de 10 céntimos burdeos que representa a la Purísima, obra del artista Alonso Cano
-como se indica en el propio pie del sello-. En España se celebra la fiesta de
la Purísima Concepción, como patrona y protectora, desde el siglo XVII, aunque
el culto a esta advocación es mucho más antiguo, de los tiempos de los Reyes
Godos. La figura representada en el sello es una talla de poco más de medio
metro esculpida por Alonso Cano en 1655-56 para la catedral de Granada.
El
siguiente valor es el de 15 céntimos verde pizarra, en honor a la Virgen de Begoña, patrona de Bilbao y
de Vizcaya. La representación elegida es el de la anteiglesia de Begoña. Con
respecto a esta imagen, en 1945 unos peregrinos salieron de Bilbao a hacer en
barco el Camino de Santiago. Durante la travesía arrojaron por la borda una
botella con varias estampas de la virgen, instando al pueblo en cuya orilla
recalase la botella a que erigiesen un santuario en honor a Begoña. La botella
con el mensaje llegó al pueblo de Almáciga, en la isla canaria de Tenerife, que
desde entonces tiene a la Virgen de Begoña como patrona.
El
valor de 25 céntimos violeta honra a Nuestra
Señora de los Desamparados; desde finales del siglo XIX, mediante una bula
de León XIII, es la patrona de Valencia, donde la llaman cariñosamente la Geperudeta -la Jorobadita- por la pose
que tiene la imagen. Las crónicas hablan de una institución destinada a los
enfermos mentales -los desamparados- en Valencia desde el siglo XV.
El
sello de 30 céntimos ocre representa a la Virgen
de Montserrat, la Moreneta, que
fue proclamada patrona de Cataluña también por el papa León XIII, reconociendo
de esta manera varios siglos de veneración, que, según la leyenda, comenzó en
el año 880 cuando la virgen se apareció en una cueva donde hoy en día se
encuentra el santuario. La Mare de Déu de
Montserrat es una talla de finales del siglo XII; su color negro no se
debe al tipo de madera, sino a que el barniz de manos y cara se ha ido
oscureciendo con el paso de los años.
El
valor de 50 céntimos pizarra está dedicado a la Virgen del Pilar, patrona de Zaragoza, de la Hispanidad y de la
Guardia Civil. La tradición dice que en el año 40 d.C. el apóstol Santiago el
Mayor estaba predicando a orillas del Ebro. En un momento dado sus fuerzas
flaquearon porque los vecinos no le hacían caso; en ese momento se le apareció
la Virgen, que le entregó una columna de jaspe -un pilar-, símbolo de la
fortaleza que debía tener su fe y le indicó que allí mismo debía levantarle un
santuario.
Según la tradición, la columna sigue
siendo la misma. Mide 1'70 m de altura y está forrada con bronce y luego con
plata. En cuanto a la imagen, se trata de una pieza gótica del siglo XV, obra
de Juan de la Huerta.
El sello de 60 céntimos violeta
reproduce a la Virgen de Covadonga, la
Santina, patrona de Asturias, cuyo
santuario está en los Picos de Europa, próximo a Cangas de Onís. La tradición
afirma que fue don Pelayo, escapando de los ejércitos árabes, quien comenzó el
culto a la virgen en una cueva en la que sus hombres y él se habían refugiado.
La victoria cristiana en la batalla de Covadonga marca el inicio tradicional de
la Reconquista, y desde entonces se la ha considerado un símbolo de
españolidad. La imagen actual es del siglo XVI, aunque el Niño se le colocó a
principios del XVIII.
La Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla desde 1946 (Pío XII), es la
protagonista del sello de 80 céntimos verde pizarra. La tradición afirma que la
hizo tallar el rey Fernando III el Santo; la imagen entró con él en la ciudad
en 1248, tras la Reconquista. En siglos posteriores -posiblemente en el s.
XVII- se añadió la imagen del Niño.
El sello de 1 pta representa a la Virgen de la Almudena, la patrona de
Madrid. Su origen se remonta a la época visigoda, cuando era venerada como
Santa María de la Vega. Cerca del año 711, viendo la inminencia de la invasión
musulmana, los madrileños escondieron la imagen -junto a dos cirios encendidos-
en un recoveco de la muralla romana. Tras la Reconquista, en el siglo XI, el
rey Alfonso VI prometió que buscaría la imagen; mientras tanto pintó en el
interior de la antigua mezquita una imagen, conocida como Nuestra Señora de la
Flor de Lis. En 1085 el Rey organizó una solemne procesión para encontrar la
imagen. Cuando la procesión -en la que participó el Cid Campeador- llegó a la
altura de la almudayna (la alcazaba)
de la muralla, se desprendieron unas piedras de repente y apareció Nuestra
Señora de la Vega junto a los dos cirios aún encendidos.
La voluntad de los madrileños le
cambió el nombre a la imagen por el de Virgen de la Almudena. Posteriormente,
Felipe IV la proclamó patrona de Madrid. Parece que la imagen visigoda se
perdió en un incendio, y que la actual podría datar del siglo XVI. La catedral
de la Almudena fue consagrada por Juan Pablo II en 1993.
Estos dos últimos valores (80 c y 1
pta) son los más caros de toda la serie del Año Mariano. Su precio de mercado
es veinte veces superior al de los valores más baratos.
El sello de 2 pta granate reproduce
a Santa María de África. La imagen llegó a Ceuta en el siglo XV, de la mano de
Enrique el Navegante, infante de Portugal. En 1949, Pío XII la proclamó patrona
de Ceuta, reconociendo una devoción de siglos.
El sello con valor facial de la
serie del Año Mariano es el de 3 pta azul, correspondiente a la Virgen de Guadalupe. El origen de esta
advocación se quiere remontar a San Lucas Evangelista, con cuyo cadáver fue
enterrada la imagen en el siglo I. Posteriormente fue trasladada a
Constantinopla, Roma y Sevilla. Cerca del año 711, ante la inminencia de la
invasión musulmana, la virgen fue llevada a Cáceres, cerca del río Guadalupe, y
allí la encontró de manera milagrosa años después un pastor llamado Gil
Cordero. La imagen actual -representada en el sello- es románica del siglo XII.
Alfonso XIII la proclamó patrona de Extremadura (1907) y Reina de las Españas
(1928).
La Virgen de Guadalupe también es
objeto de gran devoción en México desde el siglo XVI. Entre sus lugares de
culto destaca la Basílica de Guadalupe, en las proximidades de la ciudad de
México. No se sabe si la advocación mexicana deriva de algún nombre en el
idioma náhuatl que hablaban antes de la conquista española, o si está relacionada
con el origen extremeño de Hernán Cortés.










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