5 sept 2012

Pro Tuberculosos

Desde siempre me han gustado los sellos Pro Tuberculosos. Muestra de una España espantosa, que tan bien reflejó, por ejemplo, Camilo José Cela en "Pabellón de reposo" o "La Colmena". También habló de ellos Pío Baroja en "El árbol de la ciencia", o Vicente Blasco Ibáñez como colofón de "La araña negra".

Haciendo abstracción de su contenido terrorífico, los sellos Pro Tuberculosos me resultan muy atractivos por su estética. En primer lugar, esa Cruz de Lorena encarnada, un detalle muy vistoso en sellos que suelen ser monocromáticos. Una pincelada de color. En segundo lugar, las composiciones. El guerrero de trazos gruesos de la serie de 1941; cruzado, más que soldado, en consonancia con la calificación de Cruzada que recibió la Guerra Civil por parte de los vencedores...


En una estantería de mi despacho,
una modesta composición con sellos repetidos
 
 
...la cruz sola con marco marrón en la serie de 1947-48, con dos compañeros siniestros: el hospital donde los desgraciados enfermos trataban de curarse aspirando aires fríos y secos, como los de Segovia. El valor de 10c azul, con sus tres ventanas en vertical, siempre me ha recordado los nichos de los cementerios, que fueron el destino final de miles de enfermos. Señoritas solteronas o jovenzuelos de tez pálida y sentimientos encendidos, que habría podido escribir -con más gracia- don Camilo.
 
Cuadros de Sorolla, campanas, aviones, carabelas... un conjunto de temas que se extendió hasta los primeros años cincuenta -cito de memoria-, cuando la tisis comenzó a dejar de ser mortal de la mano del bacilo de Koch... o cuando la Nueva España del Desarrollismo relegó a los tísicos a un segundo plano.
 
 
 



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